El español de herencia

Por María Carreira – Directora ejecutiva de la AATSP

Los Estados Unidos albergan una de las mayores comunidades de hablantes de español del mundo, con más de 50 millones de personas. Este grupo constituye, además, un motor económico de primer orden: según el proyecto Latino GDP de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), la economía latina en EE. UU. equivaldría a la quinta economía más grande del mundo. 

Crecimiento del PIB: 2019 a 2023 

Fuente: Informe del PIB de los Latinos en EE. UU. 2025 (LatinoGDP.us). Elaboración propia. 

Esta combinación de peso demográfico y fuerza económica genera enormes oportunidades para el desarrollo de un bilingüismo avanzado español–inglés, especialmente a través de la educación. En este contexto, los estudiantes latinos representan hoy cerca del 30 % del alumnado de las escuelas públicas de Estados Unidos, es decir, más de 14 millones de estudiantes. Se estima que, aproximadamente, siete de cada diez niños latinos crecen en hogares donde se habla español y, por tanto, llegan a la escuela con algún grado de exposición previa a la lengua. En el ámbito educativo, estos estudiantes se conocen como estudiantes del español como lengua de herencia. 

Como grupo, los estudiantes de lengua de herencia ingresan al estudio del español con valiosos recursos lingüísticos, entre ellos una alta comprensión oral, conocimientos gramaticales intuitivos y usos del lenguaje arraigados en su experiencia cultural. Una enseñanza eficaz parte de estas fortalezas y busca ampliar sus repertorios lingüísticos. 

Pero la enseñanza de las lenguas de herencia no se limita al desarrollo lingüístico. Sabemos que muchos de estos estudiantes experimentan inseguridades lingüísticas y una sensación de doble rechazo al percibir que su español «no es suficiente» y sentirse, al mismo tiempo, marginados en entornos dominados por el inglés. Por ello, una idea fundamental es que el aula funcione como un espacio de validación cultural, empoderamiento lingüístico y conexión social. 

Estos principios se sitúan en el centro de uno de los principales ejes lingüísticos del mundo contemporáneo. En un momento marcado por intensos flujos migratorios a escala global y por la estrecha interrelación entre el estudio del español en el mundo anglófono y del inglés en el mundo hispanohablante, la manera en que se enseñe, valore y desarrolle el bilingüismo de herencia adquiere una relevancia estratégica.  

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